Juana María Moisan



Años de juventud de Juana María

Obra de la Sagrada Familia
 
Inicios de la Congregación

 Pruebas

Casa de La Rue 

Nuevos riberas

Años de juventud de Juana María

Durante las clases de catecismo en la capilla Santa Ana, el párroco de su pueblo descubrió su buen juicio y la escogió para ayudar en la instrucción de los niños, mostrando ya los rasgos de una futura madre espiritual. Posee una instrucción rudimentaria, pero está dotada, sin embargo, de un notable sentido práctico y una admirable inteligencia que le permite asumir cualquier responsabilidad.

Desde muy joven, Juana María comienza como aprendiz en casa de un sastre en Vannes. Sus amigas de trabajo pronto reconocen la piedad y la entrega de esta joven marcada por una fe profunda. Sin embargo, la señorita María busca su camino. Para descubrir la vida de servicio que Dios espera de ella, hace un primer intento de vida religiosa con las Hijas del Corazón de María, en San Pedro, cerca de Nuestra Señora de la Guardia, después un segundo intento con las Hermanas de San José de Cluny.

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Obra de la Sagrada Familia

Continuando su larga búsqueda de los caminos de Dios para ella, asiste a las reuniones de la Obra de la Sagrada Familia del Espíritu Santo, en el Seminario de los Padres espirituanos.
En 1855, esta obra benéfica, dirigida por el Padre Francisco Juan Bautista Delaplace, se preocupa por la ignorancia religiosa de las familias probadas por la pobreza, el desempleo y diversas miserias y por la evangelización de esta clase desheredada. El corazón generoso de Juana María encuentra aquí una respuesta.

En 1859, Francisco Juan Bautista Delaplace encuentra a Juana María Moisan en el recibidor del Seminario de la calle Lhomond. El descubre el carácter fuerte y enérgico de esta mujer de señalada bondad. El la invita, pues, a realizar con él la « pequeña Obra » que recogerá niñas huérfanas.

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Inicios de la Congregación

Con 36 años, Juana María se lanza en una gran aventura humana y espiritual. Se instala, con la señora Leclerc y algunas huérfanas en un modesto apartamento de la calle de las Ursulinas. El Orfelinato de la Sagrada Famiia abre sus puertas el 19 de marzo de 1860. Los inicios de la obra, aunque difíciles, no logran desanimarla. Ella participa en las tareas más humildes sin quejarse, con valor y tenacidad, a pesar de todas las inseguridades, la falta de dinero, de alimento y las numerosas mudadas. Ella se convierte en costurera, cocinera, albañil, jardinera, zapatera, cerrajera; hace de todo. Su ingeniosidad, determinación, buen juicio y sus múltiples talentos le permiten encontrar soluciones rápidamente y remediar las necesidades diarias. Los progresos de las niñas se constatan rápidamente bajo la mano bondadosa de esta educadora. La “pequeña obra” crece y prospera humildemente
 
Poco a poco aumenta el número de huérfanas. El espacio se hace insuficiente, Juana María y las huérfanas se mudan a la calle Lhomond, en París.

Juana María desea consagrar su vida a Dios. El 19 de marzo de 1862, pronuncia los votos privados y perpetuos en la pequeña capilla del 41 de la calle Lhomond, delante de la imagen de Nuestra Señora de las Victorias.

Ella toma el nombre de Madre María del Santísimo Sacramento. La Obra de la Sagrada Familia se convierte en la Congregación de las Hermanas Siervas del Corazón de María.

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Pruebas

La familia crece ininterrumpidamente. La compra del antiguo noviciado de los Padres del Espíritu Santo permite inaugurar un segundo orfelinato en Monsivry, en septiembre de 1864. Se efectúan importantes trabajos de reparaciones para ofrecer mayor espacio a las huérfanas y a la joven Congregación. Pero en 1870, apenas instaladas, estalla en Francia una guerra civil llamada «la Comuna de París» Las comunicaciones son cortadas, el grupo está obligado a evacuar de estos sitios peligrosos, situados en la línea de fuego del fuerte de Bicêtre.
 
A pesar de la pobreza, las horas de espera para adquirir los alimentos, la guerra, la falta de espacio para el personal, las salidas, la falta de atención espiritual para una congregación naciente, Juana María, mujer de carácter, mujer de fe, continúa en su proyecto sin desfallecer. Ella decide regresar a su región de la Bretaña para buscar ayuda. Tres nuevas candidatas la acompañan a su regreso. Se instalan en París y aprovechan, durante algún tiempo, de los encuentros espirituales del Padre Delaplace. Este último, secretario general de la Congregación del Espíritu Santo, debe ir al exilio junto con su superior general. El Padre Delaplace confía la obra naciente a la Divina Providencia y a su fiel colaboradora. El aprovecha las pequeñas ocasiones para escribirle a Juana María y a « sus hijas » para mantenerlas animadas.

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Casa de Larue

En 1875, la Congregación cuenta con, a penas, doce miembros. Los Fundadores buscan una casa más grande, en el campo, para albergar la creciente familia. Larue es la que encuentran.

La casa es pequeña, pero posee un extenso terreno que les permite agrandar la casa y mantener el jardín. La Madre Juana María, enérgica, infatigable, trabajadora, guía espiritual, testigo del crecimiento de la obra, permanecerá más de seis años en esta casa, que se convierte en noviciado. En 1883 ella parte para Bélgica con algunas hermanas.

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Nuevas riberas

En Francia, Bélgina, y también en América, es solicitada la presencia de las hermanas. En 1889, a bordo de La Champagne, se embarcan las primeras hermanas para Estados Unidos. Tres años más tarde, Juana María, presintiendo su cercana muerte, bendice a las hermanas que se dirigen a Canadá y les da su hábito y su capa.

El 29 de noviembre de 1892, Juana María Moisan muere en Larue, rodeada de sus hermanas y del Padre Delaplace, su fiel colaborador.
 
En 1894 la comunidad acepta una obra en Montgeron. Más tarde, en 1930, las Siervas del Corazón de María compran la casa de la calle Ancienne-Eglise, aún habitada por las hermanas. En 1935, los restos mortales de Juana María Moisan son transportados a Montgeron, junto a los del Padre Delaplace.

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